Predicador franciscano sugiere jornada de contrición

Vaticano pide penitencia por curas pederastas

Llama abominación a los abusos sexuales cometidos por muchos sacerdotes.

16-Diciembre-06

Ha llegado la hora de que la Iglesia llore ante Dios por los abusos sexuales cometidos por sacerdotes contra “los más pequeños de sus hermanos”, y conviene crear un “día de ayuno y penitencia a nivel local y nacional para expresar el arrepentimiento público ante Dios y la solidaridad con las víctimas”.

Las palabras anteriores las dijo ante la Curia romana el padre Raniero Cantalamessa, predicador oficial de la casa pontificia, en sus meditaciones de Adviento.

Es evidente que el mensaje del predicador, un franciscano que fue confesor de Juan Pablo II, representa nítidamente el pensamiento de Benedicto XVI.

En los pasillos vaticanos quedó claro que las palabras de Cantalamessa se dirigían a obispos cuyos nombres no mencionó, pero que aludían a casos de pederastia en Estados Unidos, México, Irlanda, Italia, Polonia y otros países.

Cantalamessa hizo la petición en su mensaje pronunciado en la capilla Redemptoris Mater, donde dijo que en fechas recientes la Iglesia ha llorado y suspirado “por los abominables hechos cometidos en su seno por algunos de sus ministros y pastores”.

El franciscano admitió que la Iglesia ha pagado un precio alto por estos deslices emprendiendo una “carrera de reparaciones” y adoptando férreas reglas “para que los abusos no se repitan”, pero una vez hecho lo anterior, dijo, es hora de fomentar la “reconciliación de las almas” para que la Iglesia sigua adelante “con un corazón renovado”.

El padre Cantalamessa también quiso dedicar sus meditaciones con motivo del estreno de la película Líbranos del mal, que refiere el repugnante caso de un “sacerdote” católico irlandés que radicó en los Estados Unidos, que fue acusado y condenado a prisión por haber violado a más de 100 niños, pero que además fue protegido por obispos que no reportaron su pecado.

El pasado 28 de octubre, Benedicto XVI admitió que las heridas por abuso sexual en la Iglesia “corren hondo”.

El mensaje es claro: la Iglesia debe arrepentirse, los obispos cooperar y colaborar, y luchar contra los abusos sexuales, denunciando los casos conocidos. El Papa quiere una Iglesia limpia.

Monterrey/Bruno Volpe