Paraíso perdido / Casino Royale, el primer 007

Por Rafael Aviña / 17 de diciembre de 2006

Incansable y errabundo periodista, que escribió para la agencia Reuter y para el Times, donde cubrió por igual las exploraciones submarinas del comandante Cousteau, que un Congreso de la Interpol en Estambul o el contrabando de diamantes en Sudáfrica, mientras realizaba las más insólitas crónicas de lugares exóticos como Montecarlo, Macao, Hong Kong, Hamburgo o Venecia, el británico Ian Lancaster Fleming (1908-1964), también ex oficial de inteligencia naval, soñaba con escribir novelas. A los 43 años, meses antes de casarse, Ian Fleming se retiró a su mansión de descanso en Jamaica, a la que había bautizado con el nombre de Goldeneye y ahí, justo el tercer martes de enero de 1952, iniciaría la escritura de la que sería una exitosa saga de libros de espionaje y suspenso, protagonizada por un personaje cuya fama sería tan grande o mayor que la de Sherlock Holmes o Hercules Poirot.

Encerrado con su máquina de escribir, sus cigarrillos Morland's, sus opulentas comidas con excesivo contenido en grasas y acompañado en ocasiones de figuras literarias de la talla de Noel Coward, Eric Ambler y Peter Quennell, con quienes pasaba algunas veladas, Fleming concebiría Casino Royale, un relato que destilaba violencia y pesimismo, con un héroe vulnerable, que incluso sufre una brutal tortura, desnudo y atado a una silla a la que le han arrancado el asiento, para lastimar sus genitales y piernas, con un sacudidor de alfombras. Se trataba del agente secreto James Bond -el nombre lo tomó de un libro que descansaba en su mesita de café: Birds of the West Indies, del ornitólogo estadounidense James Bond- en su primera misión, al ser elevado a la categoría doble cero.

El agente 007, experto en armas, defensa personal, bebidas y mujeres, se trastocó en la síntesis de un mito universal: tal vez el mayor héroe de ficción que ha dado la literatura de la Guerra Fría y que ahora, en la nueva versión cinematográfica de Casino Royale (Martin Campbell, 2006), película 21 de la serie y precuela de toda la saga, aparece con una imagen más dura y actualizada a los tiempos que corren: la paranoia posterior al 11 de septiembre. Las historias concebidas por Fleming en 12 volúmenes, más dos colecciones de cuentos que dieron la vuelta al mundo, han logrado adaptarse a los cambios de la época: el fin de la Guerra Fría, la caída del socialismo, la era de Internet, del sida y del sexo seguro y los temores terroristas, obteniendo varias obras maestras a partir de un género de simple explotación y entretenimiento.

Albert "Cubby" Broccoli fue junto con Harry Saltzman el orquestador de una de las series cinematográficas que más éxito, parodias e imitaciones han alcanzado en la historia del cine. Terence Young, futuro director inicial de los filmes de 007; Richard Maibum, guionista, y Ted Moore, fotógrafo, se sumarían a esa nueva serie creada originalmente para hacerle una oscura competencia a Mike Hammer, a partir de El satánico Dr. No (1962), al tiempo que se sumaban nuevos y notables colaboradores, como el responsable de las geniales secuencias de créditos, Maurice Binder, el talentoso escenógrafo y director de arte Ken Adam o el compositor John Barry.

Fue a fines de los 50 cuando Harry Saltzman compró los derechos fílmicos de las novelas escritas hasta entonces por Fleming. No obstante, Casino Royale ya había sido malbaratada por mil dólares a la televisión estadunidense, que la produjo como miniserie en 1954 para la CBS. Dirigida por William H. Brown, la novela fue transformada en un teleteatro de una hora de duración dentro de la serie Climax Mystery Theater, transmitida por vez primera en octubre de 1954. Filmada en 16 mm, el programa pasó inadvertido y después se extravió por casi 30 años, hasta que fue rescatada del anonimato.

Aquí, 007 era reducido a nivel de caricatura y la nacionalidad cambiada: de agente inglés, se convertía en el espía estadounidense Jimmy Bond, interpretado por Barry Nelson. El papel del villano, el repulsivo espía ruso Le Chiffre, experto en juegos de cartas, había recaído en el actor Peter Lorre, todo ello en Montecarlo y en medio de peligrosos juegos de ruleta y bacará. Este thriller de fórmula, que deformaba el personaje y la trama de la novela de Fleming, fue pensado para actualizar los relatos de Chandler y Spillane, sin el sadismo brutal del original y sí con la acción típicamente hollywoodense cercana a la historieta de detectives.

Los problemas en relación a los derechos de la obra provocaron años más tarde que Casino Royale se convirtiera en su primera adaptación al cine en 1967, en un filme parodia, con figuras de la talla de David Niven, Peter Sellers y Woody Allen -todos en el papel de James Bond- y Orson Welles como el malvado jugador empedernido Le Chiffre. El resultado fue un enloquecido divertimento psicodélico, dirigido por cinco realizadores, entre ellos John Huston y Val Guest, con un reparto multiestelar que incluía a Deborah Kerr, Ursula Andres, Jean Paul Belmondo y un increíble harén de bellezas en minúsculos o entallados trajes. La acción es sustituida por un flemático humor, sensualidad visual, un fascinante diseño de producción y una de las mejores bandas sonoras para cine compuesta por Burt Bacharach -por cierto, el DVD en Región 1 incluye el telefilme original de la CBS de 1954.

En la nueva y oficial versión de Casino Royale, el rubio Daniel Craig consigue algo que parecía imposible: estar a la altura de los actores que han puesto rostro a 007, en particular Sean Connery, el mejor Bond. Se han sustituido el humor y el desenfado sexual por una acción vertiginosa y una brutalidad fuera de serie, con un héroe en permanente estado de indefensión, a pesar de sus habilidades como violento asesino al servicio secreto de su Majestad.

 

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