Ojo Clínico / ¿Sí o no? La polémica circuncisión

Por Enrique Goldbard / 24 de diciembre de 2006

"Este es mi pacto, el que vosotros mantendrán, entre mí, vosotros y su descendencia: cada varón entre vosotros será circuncidado". (Génesis 17:10).

Así sentencia Dios, en su conversación con Abraham, la práctica ritual de la circuncisión (del latín circum, alrededor y caedere, cortar) adoptada por quienes después serían llamados "el pueblo de Israel".

En el mismo pasaje bíblico, citado arriba, se indica que la práctica deberá efectuarse al octavo día después del nacimiento.

La circuncisión es un procedimiento que consiste en remover del pene la sección de piel conocida como prepucio, misma que en condiciones de flacidez cubre al glande.

En la circuncisión ritual no se usa anestesia, en la cirugía en cambio se aplica en casi el 45 por ciento de los casos.

Se emplea en la actualidad instrumental diseñado específicamente para la intervención, como pinzas para disminuir el sangrado (hemostáticas), campanas de forma inusual, bisturís y tijeras con adecuaciones, etcétera; algunos de estos instrumentos han sido modificados con ayuda de los expertos en los rituales.

Mientras en los niños circuncidados a temprana edad el proceso de cicatrización toma prácticamente una semana, entre los adultos y los adolescentes puede tardar entre cuatro y seis semanas.

La utilidad de la circuncisión como método de prevención de infecciones de transmisión sexual (ITS) se ha discutido intensamente en los últimos años.

Hay quienes defienden el procedimiento considerándolo un recurso importante de salud pública, y hay quienes recurren al argumento de la "integridad genital", con la tesis de que la circuncisión infantil es un atentado a los derechos humanos, equiparable a la brutal práctica de la mutilación del clítoris.

Existen algunas condiciones médicas precisas por las que la circuncisión debe efectuarse, la más conocida es la llamada "fimosis", y es un padecimiento caracterizado por la estrechez del prepucio, con la consiguiente dificultad para que éste se retracte del glande, esta situación provoca dolor y complicaciones de índole diversa.

No hay suficiente evidencia como para afirmar que la circuncisión contribuye de manera definitiva a la higiene de la región anatómica en cuestión, así como para establecer una relación definitiva entre higiene, fimosis y cáncer de pene.

Por otro lado, existen diversos estudios que intentan confirmar la persistente hipótesis respecto al mayor riesgo que tienen los varones sin circuncisión de contraer infección por virus del papiloma humano (VPH), lo que implica no sólo que pudieran presentar lesiones atribuibles a este virus con más frecuencia, sino que fueran transmisores potenciales del mismo a las mujeres, con el consiguiente peligro para ellas de desarrollar cáncer cervicouterino.

Los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por sus siglas en inglés) detuvieron, a mediados de diciembre de este año, dos ensayos clínicos practicados en el continente africano, encaminados a demostrar la utilidad de la circuncisión como procedimiento preventivo de la transmisión del VIH.

Los resultados preliminares fueron tan favorables, que se juzgó éticamente inadecuado no ofrecer el procedimiento a varones no circuncidados. (New York Times, Health, 13/12/2006).

Los ensayos se llevaron a cabo en 3 mil hombres en Kenya y en cerca de 5 mil en Uganda, ninguno de ellos infectado con el VIH.

Fueron divididos en grupos de circuncidados y no circuncidados.

Al momento de ser interrumpidos los estudios, el grupo de varones kenianos con circuncisión registraba un 53 por ciento menos de casos de VIH, y el de ugandeses de 48 por ciento, comparados con sus contrapartes con prepucio íntegro.

Se supone que los hombres no circuncidados son más susceptibles a la infección por VIH porque la cara interna del prepucio se halla recubierta de células de Langerhans a las que el virus se adhiere con facilidad.

Es así que una práctica ritual de la antigüedad, cuyo ejercicio parece tener que ver exclusivamente con un dogma religioso, ha encontrado en la actualidad una justificación válida para su aplicación en un contexto totalmente apartado de su intención original.

 hgoldbard@medscape.com