Lecturas navideñas

Jorge Zepeda Patterson
24 de diciembre de 2006

P ara los que no aguantan la sonrisa soberbia de Ulises Ruiz que se pasea ufano por las calles de Oaxaca que la PFP le liberó, propongo una "huida graciosa" por el mundo de los libros durante estos días de asueto. Sugiero comenzar por el turco Orhan Pamuk, el más reciente Premio Nobel de Literatura.

Pamuk es autor de novelas bellísimas, aunque algunas de ellas exijan bastante del lector, como es el caso de Mi nombre es Rojo. Para el que incursiona por vez primera en la obra de este autor sugiero Nieve, un texto sabroso y fascinante sobre un poeta periodista que llega a una ciudad de provincia para escribir sobre el suicidio aparentemente inexplicable de algunas jóvenes. K, como se conoce al poeta, nunca sabrá bien a bien qué las llevó a la muerte, pero, en cambio, descubrirá al amor de su vida, confrontará su idea de Dios y participará en un minigolpe de Estado.

Mientras tanto, el lector podrá atisbar el alma de la nación turca y la vida de provincia en una ciudad que, como las nuestras, no existe para el centro del país. Lo peculiar de la literatura de Pamuk es la deliciosa frontera en la que se mueve entre las evocaciones mágicas de Oriente y la mirada práctica de Occidente. Una escritura que sorprende o embelesa párrafo tras párrafo. Y para los que gustan del género biográfico, es muy recomendable su libro Estambul: una larga descripción de la manera en que se entreveran sus primeros 20 años de vida y las calles de la ciudad donde él creció y ha vivido. Las novelas han sido publicadas por la editorial Alfaguara, la biografía por Planeta.

Otra maravillosa novela escrita también desde las estribaciones del mundo occidental, pero sin pertenecer totalmente a él, es Pequeña isla de la inglesa-jamaiquina Andrea Levy, publicada por editorial Anagrama. La trama arranca en Jamaica y en las descripciones de la parsimoniosa vida que los ingleses han instalado en el Caribe. Ambientada en la víspera de la Segunda Guerra Mundial, la autora describe las maneras rebuscadas en que las familias "bien" afroantillanas intentan reproducir la vida de Londres a 40 grados de temperatura y entre hormonas y pasiones típicas del trópico.

La guerra terminará llevando a varios jamaiquinos a las filas del ejército inglés para combatir en Europa y a residir por un tiempo en Londres al terminar el conflicto bélico. Allí descubrirán que aquellos blancos a los que han tratado de imitar por tanto tiempo no son mejores que ellos. Y el lector poco a poco llegará a la conclusión de que el título, Pequeña isla, aludía no a Jamaica, sino a Inglaterra. Pese a lo que pudiéramos imaginar, no hay amargura ni desencanto en la novela de Andrea Levy, simplemente grandes dosis de talento, mucho humor y esporádicas muestras de ternura.

Para la playa sugiero dos libros de detectives. La primera es una clásica novela negra, ambientada en el Nueva York de los tipos duros, los sándwiches rancios y los policías corruptos. En realidad no se trata de una novela clásica, sino de una imitación homenaje a Raymond Chandler o Dashiel Hammet. Se trata de Jugada de presión, también de Anagrama, obra nada menos que del gran Paul Auster, uno de los mejores escritores estadounidenses, y motivo de culto particularmente en Europa.

Auster la publica bajo el seudónimo de Paul Benjamín y obviamente se trata de un divertimento en paralelo al resto de su creación literaria. La novela resulta buena y muchos pasajes duros y cínicos recuperan lo mejor de los maestros del género. Sin embargo, nunca mejor demostrado que la alta repostería y el buen pan de mesa requieren ambos versiones distintas de talento. Auster es mejor escritor que Chandler y Hammet, pero en materia de bolillos y teleras se queda atrás de los especialistas del género.

Por su parte, Abril Rojo (Alfaguara), del peruano Santiago Roncagliolo, es una buena novela por donde se le mire. Félix Chacaltana es un fiscal un tanto ingenuo pero honesto que intenta desentrañar el misterio de un supuesto asesino en serie en una ciudad perdida de Los Andes. Lo que descubrirá es una misteriosa hebra que lo conducirá a intrigas políticas, confabulaciones militares y al universo mágico-político de Sendero Luminoso. Un libro de buena literatura susceptible de engancharnos hasta la última página.

Si usted prefiere novelas más cercanas a la vida diaria, hay dos libros recientes que no le fallarán. Fruta verde, de Enrique Serna (editorial Planeta) y Muérdele el corazón, de Lydia Cacho (editorial (Plaza y Janés). Ambos están centrados en una familia mexicana de clase media, pero en situaciones totalmente distintas. Fruta verde es un relato ácido e irónico sobre una madre divorciada que cuando decide rehacer su vida sexual y amorosa descubre la fascinación que inspira en los amigos de su hijo; éste, por su parte, sale de la adolescencia y se encuentra con problemas más o menos similares a los de su madre. Una historia de humor negro narrada al estilo de Serna, de lo que podría estar sucediendo en la casa de al lado.

Con Muérdele el corazón, la periodista Lydia Cacho deja a un lado "los demonios" de afuera, para concentrarse en esta novela lúcida y dramática sobre los demonios de adentro. Soledad, madre y esposa, descubre un día que ha sido contagiada de sida por su marido. A partir de esta condena reencontrará el sentido de su existencia, reencontrará sus amores y la importancia de la amistad.

Y si de plano usted no puede prescindir de la política en temporada navideña, al menos recurra a un buen texto: Adolfo Sánchez Rebolledo compiló una serie de excelentes ensayos de fin de sexenio en el libro. ¿Que país nos deja Fox? Los claroscuros del gobierno del cambio (editorial Norma). Un terrible inventario de lo que enfrentará Calderón y un buen recordatorio de lo que nos espera al regreso de vacaciones.

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Economista y sociólogo