Entregado al teatro

Héctor Bonilla cree que al hacer diferentes personajes crece artísticamente

Julio Alejandro Quijano
El Universal
Jueves 28 de diciembre de 2006

Lleva la cuenta precisa: 126 obras de teatro. De hecho, cerró 2006 con dos puestas al mismo tiempo, algo común a lo largo de su carrera. Los miércoles interpreta en un teatro del sur de la ciudad a un viejo almacenista obsesionado con su trabajo, mientras de jueves a domingo viaja al centro para actuar como un viudo con ganas de enamorar a su mejor amiga. Además, es director de Defendiendo al cavernícola.

Tanto trabajo provocaría el delirio de cualquier novato. En él, es mero placer: "Interpretar varias obras tiene su complicación, pero yo no me llevo los personaje a casa; los cuelgo en el camerino ¡y que se vayan al diablo!"

Esa es la regla con la que ha construido su carrera: "Un actor es mejor mientras más géneros toque y más diferentes sean sus personajes".

El 2006 fue ejemplo claro. El 24 de septiembre estrenó Almacenados, un montaje mínimo en el que comparte escenario con su hijo Sergio, y donde interpretan a un almacenista a punto de retirarse y su joven aprendiz. Es un texto que evidencia cierta crueldad del sistema capitalista, pero sobre todo una denuncia de corrupción, ya que el almacén es una empresa para lavar dinero.

Dos semanas después, el 8 de octubre, estrenó Emociones encontradas, una comedia sin mayor pretensión que demostrar que el amor lo puede todo. Por si el teatro no bastara, actuó en la telenovela Campeones con el papel de un sindicalista.

A propósito de lo que vivió en 2006, arma una frase ingeniosa: "México en este momento me provoca Emociones encontradas por ver tantos robos Almacenados y la ausencia de Campeones".

Huir en ´vocho´

En 1974 coprotagonizó el primer filme de Jaime Humberto Hermosillo, El cumpleaños del perro. Su personaje: un clavadista que gana una medalla olímpica y al día siguiente despierta con la vida que lo obliga a trabajar en una sastrería para mantener a su esposa, a la que mata y luego huye en su vocho.

-¿Piensas que el matrimonio es tan agobiante?

-En primer lugar creo que el guión quedó por arriba de la película. Mi personaje está basado en El Tibio Muñoz, pero no en el burócrata que vemos hoy, sino en aquel joven que ganó una medalla de oro. Es decir, un cuate que gana por ser el mejor pero luego se le viene la mediocridad encima. Y resulta que lo que más te amarra es el matrimonio. Lo maravilloso del guión es que este cuate personaliza en su mujer la imposibilidad de seguir siendo el mejor y la mata.

-Y luego busca refugio en su patrón, con quien establece una relación que muchos consideran amorosa.

-Ahí es donde la película se quedó en el tintero, porque el guión plantea que el viejo (Jorge Martínez de Hoyos) al saber que su empleado mató a la esposa, él también lo hace y se manifiesta un amor homosexual. Pero era la primera cinta de Jaime Humberto y quizá por ello se detuvo un poco.

-¿Alguna vez has sentido la necesidad de salir huyendo en un ´vocho´?

-Claro. Además, tuve vocho mucho tiempo y huí varias veces.

-¿Hasta dónde llegaste?

-Llegas hasta donde te alcanza tu impotencia y tu rabia. Hablando de matrimonio, no soy partidario de él. Estuve casado nueve años y me divorcié; ahora voy a cumplir 25 en unión libre.

-¿Dónde querrías que te alcanzara el fin del mundo?

-Espero morir antes. No quiero morir en el escenario, sino cómodamente sentado o en una cama, sin armar tanto desmadre.