Kyung-Wha Kang
El año pasado, 2.7
millones de personas
han contraído el VIH
y otras 2 millones
murieron a causa del
sida. Hoy en
día, 33 millones de
personas en todo el
mundo viven con el
VIH.
La tenacidad del
sida se
deriva en parte del
hecho que las
medidas para
enfrentarlo
subestiman e incluso
ignoran el contexto
de derechos humanos
en el cual la
epidemia prospera.
Efectivamente,
resulta evidente que
las millones de
personas que sufren
violaciones de sus
derechos humanos son
a la vez más
vulnerables a la
infección del VIH y
tienen más
probabilidades de
morir a causa del
sida.
De hecho, el
irrespeto de los
derechos humanos no
solamente agrava la
epidemia, sino que
además con
frecuencia la
provoca. Estas
violaciones incluyen
la discriminación,
la falta de acceso a
la información y la
educación, la
inequidad de género,
la violencia, la
pobreza y la
marginalización.
Millones de personas
continúan muriendo a
pesar de que esas
muertes podrían
evitarse si se
protegieran el
derecho a la vida y
el derecho al nivel
de salud más alto
posible.
Por lo tanto,
cualquier acción que
busque una solución
al problema del VIH
debe también
responder a los
temas de derechos
humanos que
alimentan la
epidemia y emanan de
la misma.
El Informe sobre la
Epidemia Mundial del
Sida 2008
destaca la necesidad
de hacerle frente a
las causas sociales
del VIH, incluyendo
al fracaso en hacer
cumplir y proteger
los derechos humanos
esenciales para
lograr una respuesta
efectiva contra el
VIH.
Un enfoque al VIH
basado en los
derechos permite
evidenciar las
necesidades críticas
de protección de
aquellos más
vulnerables al VIH.
Este enfoque ayuda a
desarrollar o
mejorar acciones
para alcanzar a
aquellos que, debido
a la negligencia,
intimidación,
prejuicios o estigma
social, han caído
fuera de las redes
de protección
disponibles para la
prevención, atención
y tratamiento del
VIH. Entre ellos,
mujeres y niñas que
sufren de violencia
sexual; personas
jóvenes que se les
niega educación e
información sexual
sobre el VIH; y
niños y niñas
huérfanos a causa
del
sida.
Un enfoque basado en
los derechos también
ofrece protección a
las personas
marginadas por su
orientación sexual o
adicción a las
drogas, o a los
prisioneros a
quienes se les
impide, de distintas
maneras, obtener los
bienes y servicios
para luchar contra
el VIH.
Se debe subrayar que
los derechos humanos
son inalienables y,
por lo tanto,
inherentes a todos
los seres humanos,
incluyendo aquellos
que pertenecen a
grupos altamente
estigmatizados o que
son considerados
como extraños por
alguna comunidad en
particular. Este
factor esencial debe
ser siempre tomado
en cuenta a la hora
de enfrentar el
problema del VIH.
En el 2001, los
Estados Miembros de
las Naciones Unidas
acordaron que "la
realización de los
derechos humanos y
las libertades
fundamentales para
todos es
indispensable para
reducir la
vulnerabilidad al
VIH/sida.
Aún así, para el
2008, un tercio de
los países todavía
no han promulgado
leyes que protejan
de la discriminación
a las personas que
viven con VIH.
Sesenta y tres por
ciento de los países
aun cuentan con
leyes que crean
barreras a la
prevención,
atención, apoyo y
tratamiento del VIH
para los grupos
marginados.
Asimismo, al menos
67 países imponen
algún tipo de
restricción basada
en el VIH para el
ingreso a los mismos
y para efectos de
residencia. Tales
restricciones no
protegen la salud
pública, sino sirven
para incrementar el
estigma en contra de
las personas que
viven con VIH.
Muchos países han
adoptado
recientemente leyes
amplias que imponen
castigos penales a
personas que
transmiten el VIH,
cuando no hay
evidencias que
indiquen que esas
penalidades ayuden a
disuadir la
transmisión del VIH.
Al contrario, la
existencia de dichas
leyes genera una
gran preocupación
puesto que podrían
desmotivar a las
personas a
realizarse la prueba
del VIH y a revelar
su situación.
Hacerle frente a las
dimensiones de
derechos humanos de
los programas
nacionales de lucha
contra el
sida no es
difícil. Consiste en
financiar e
implementar campañas
en contra de la
violencia sexual así
como combatir el
estigma y la
discriminación.
También involucra
campañas para
difundir los
derechos y la
legislación que los
protege, y para
brindar ayuda legal
a aquellos más
vulnerables al VIH o
que viven con el
mismo.
También comprendería
la creación de
mecanismos para
monitorear los
abusos de derechos
humanos relacionados
con el VIH, así como
la capacitación
sobre la no
discriminación para
los trabajadores de
la salud,
proveedores de
servicios sociales,
Policía, jueces y
autoridades de los
centros de
detención.
Las Defensorías del
Pueblo
independientes
también deberían
incorporarse a las
respuestas
nacionales al
sida para
luchar por aquellas
personas afectadas y
para evaluar el
impacto de las leyes
y su implementación
en la lucha contra
el VIH.
Esta semana en la
Conferencia
Internacional sobre
Sida en
México, más de 500
organizaciones
exigirán que los
derechos humanos
sean puestos al
frente y en el
centro de la lucha
mundial contra el
sida. Su lema
es "Los Derechos
Humanos y el VIH/sida",
ahora más que
nunca". Es tiempo
que escuchemos ese
llamado en nombre de
las millones de
personas que
continúan siendo
vulnerables y
muriendo a causa del
VIH y
sida.
Alta Comisionada
Interina para los
Derechos Humanos,
OACDH