No importa cómo me
llamo, soy una
simple ama de casa
de 38 años y llevo
casada con el mismo
hombre desde que
empecé a votar, es
decir desde los 18.
A pesar de que nos
llevamos muy bien en
todos los órdenes,
él me cela
constantemente. Es
obvio que no le doy
motivos, sin
embargo, cada día
está más celoso, lo
cual no me da nada
de buena espina. Me
he fijado que entre
más celosos son los
hombres, por lo
general, son los más
infieles. De ahí que
ayer de plano me
animara y le
propusiera: "Oye, mi
amorcito, ¿te
importaría mucho si
te pones un condón
para hacer el
amor?". Híjole,
nunca lo hubiera
hecho. Se puso hecho
un energúmeno.
"Pues, ¿con quién
carajos me estás
engañando?", me
preguntó con la cara
roja, roja. "Con
nadie", le dije
furiosa, por haber
desconfiado de mí.
"¿No será que el que
me está siendo
infiel eres tú?", le
grité viéndolo
derechito a los
ojos. Claro, me dijo
que estaba loca, que
eran cosas de mi
cabeza, que no tenía
ningún fundamento
para acusarlo, que
dónde tenía
escondidos los
condones y que lo
más seguro era que
yo era la que andaba
en malos pasos. Y
entre más enojado se
iba poniendo, más
desconfianza me daba
su reacción
totalmente
desproporcionada a
una pregunta tan
natural en estos
tiempos. Si se lo
pedí fue por todo lo
que he estado
leyendo, gracias a
la XVII Conferencia
Internacional sobre
el SIDA que se está
llevando a cabo en
nuestro país, acerca
del incremento de
casos de SIDA
precisamente en
mujeres,
especialmente entre
las amas de casa.
¿Sabían que
paradójicamente
somos las más
contagiadas por
nuestras parejas?
Por eso es
fundamental que
estemos conscientes
que este
padecimiento no es
una enfermedad que
nada más sufren los
hombres y, de ellos,
exclusivamente los
homosexuales.
Parte de nuestra
ignorancia tiene que
ver con el
desconocimiento de
los hábitos de
nuestra pareja, a
quien supuestamente
le tenemos tanta
confianza (por lo
que a mí se refiere,
últimamente ya no
tanta...). ¿Quién
nos garantiza que
nuestra pareja no se
involucra
sexualmente con
otras personas,
hombres o mujeres, y
que practican el
sexo seguro? No, las
mujeres no debemos
permanecer ciegas
ante estas
posibilidades.
Nuestra inocencia
nos puede costar la
vida. Aunque
corramos el riesgo
de que nos traten de
"una cualquiera" o
incluso de ser
maltratadas
físicamente, hay que
hablarles
directamente y
sugerirles que usen
condón. No hay peor
maltrato físico que
ser contagiada de
VIH. No me quiero
imaginar los
peligros que corren
las mujeres en el
campo o las que
tienen a su marido
trabajando del otro
lado. Pobrecitas,
porque ellas sí que
han de ignorar todo
a lo que se
arriesgan. ¿Por qué
no habrá más
programas de
información para las
amas de casa? Sí, a
ellas, a todas las
mujeres, habría que
decirles que según
las estimaciones del
Centro Nacional para
la Prevención y
Control del SIDA, 8
de cada 10 mujeres
que padecen este mal
en México son como
yo, amas de casa y
que tienen una
pareja estable, no
necesariamente digna
de confianza. Habría
que decirles que el
11 por ciento de los
casos de SIDA en el
Distrito Federal
corresponde a
mujeres. Y habría
que decirles que a
nivel mundial, 33
millones de personas
viven con VIH y que
la mitad son
mujeres. Es lo que
se llama la
feminización de la
pandemia y que tiene
que ver con tres
fenómenos: el
regreso de los
migrantes a sus
casas, que los
hombres tengan
varias parejas y la
bisexualidad.
Pero volvamos a mis
dudas, ¿qué tal si
mi marido tiene una
"vida secreta"? ¿Qué
pasaría si le
propusiera que se
hiciera el examen
del SIDA? ¿Tendría
que hacérmelo,
independientemente
de si él se lo hace
o no? ¿Qué tanta
posibilidad existe
de que tenga una
conversación franca
con mi pareja, de
modo que me pueda
decir si ha tenido
lo que se llama
"contacto sexual de
riesgo"? ¿Qué tanta
posibilidad hay de
que fuéramos juntos
a hacernos la prueba
de VIH? ¿Por qué
será que existe una
relación estrecha
entre los países
considerados
"machistas" y el
aumento de la
epidemia entre las
mujeres? ¿Por qué
será que en México
no son muchas las
mujeres que se
atreven a enfrentar
directamente a su
pareja o a su
compañero sexual con
las interrogantes
que se refieren a
una vida sexual
oculta, a pesar de
que con el silencio
comprometen su vida?
Bueno, ¿y qué pasa
con las mujeres que
tienen doble vida?
Aquí entre nos, mi
prima tiene un
amante, ¿esto
significaría que su
riesgo es doble?
¿Debería decirles a
ambos que usen
condón? ¿Qué tan
seguros son los
condones para
mujeres?
Mi marido sigue
enojado conmigo. No
me habla. Actúa como
si estuviera
ofendido. Finalmente
no hicimos el amor.
Temo que a partir de
ahora, me cele aún
más. ¿Qué puedo
hacer? ¿Escribirle
una carta? ¿Pasarle
todos los artículos
que he leído a
propósito del SIDA?
¿Contratar un
detective? ¿O hacer
huelga de piernas
cruzadas? Por lo
pronto, quisiera
ayudar a otras
mujeres como yo que
tal vez estén menos
informadas.
Finalmente, no estoy
tan pesimista, se
puede hacer mucho,
como lo que han
hecho las ONG como
Fortaleciendo la
Diversidad y Grupo
de Amigos con VIH
que administra Casa
Hogar. Estos dos
grupos recibirán,
entre 25 destacadas
organizaciones
comunitarias,
seleccionadas por
medio de un proceso
encabezado por las
comunidades, el
"Premio Cinta Roja"
que se entrega cada
dos años y que se ha
constituido en una
actividad destacada
de la Conferencia
Internacional sobre
el SIDA. También
pienso, con
esperanza, en
Dorothy Onyango,
directora ejecutiva
de Mujeres Luchando
contra el SIDA en
Kenya. A ella le
diagnosticaron el
VIH en la década de
los noventa, cuando
tenía 30 años. "No
sabía que llegaría a
ser abuela, que
vería a mis nietos,
ni siquiera pensaba
que vería a mis
hijos terminar la
secundaria. Me
limitaba a pensar
que Dios me diera
otros cinco años
para verlos casados.
Ahora tengo nietos y
estoy segura de que
hoy, no me voy a
morir", dijo Dorothy,
quien forma parte de
las 300 personas con
VIH que están aquí
en México para
asistir a la
conferencia.
Después de todo lo
anterior, ¿qué
importa la actitud
de mi marido, cuya
conciencia no ha de
estar tan limpia?
¿Qué importa si se
enoja o no? Lo que
importa es mi vida y
la de millones y
millones de mujeres
que corren el riesgo
de ser
contagiadas...