El SIDA y yo

Por Guadalupe Loaeza (05-Ago-2008)

No importa cómo me llamo, soy una simple ama de casa de 38 años y llevo casada con el mismo hombre desde que empecé a votar, es decir desde los 18. A pesar de que nos llevamos muy bien en todos los órdenes, él me cela constantemente. Es obvio que no le doy motivos, sin embargo, cada día está más celoso, lo cual no me da nada de buena espina. Me he fijado que entre más celosos son los hombres, por lo general, son los más infieles. De ahí que ayer de plano me animara y le propusiera: "Oye, mi amorcito, ¿te importaría mucho si te pones un condón para hacer el amor?". Híjole, nunca lo hubiera hecho. Se puso hecho un energúmeno. "Pues, ¿con quién carajos me estás engañando?", me preguntó con la cara roja, roja. "Con nadie", le dije furiosa, por haber desconfiado de mí. "¿No será que el que me está siendo infiel eres tú?", le grité viéndolo derechito a los ojos. Claro, me dijo que estaba loca, que eran cosas de mi cabeza, que no tenía ningún fundamento para acusarlo, que dónde tenía escondidos los condones y que lo más seguro era que yo era la que andaba en malos pasos. Y entre más enojado se iba poniendo, más desconfianza me daba su reacción totalmente desproporcionada a una pregunta tan natural en estos tiempos. Si se lo pedí fue por todo lo que he estado leyendo, gracias a la XVII Conferencia Internacional sobre el SIDA que se está llevando a cabo en nuestro país, acerca del incremento de casos de SIDA precisamente en mujeres, especialmente entre las amas de casa. ¿Sabían que paradójicamente somos las más contagiadas por nuestras parejas? Por eso es fundamental que estemos conscientes que este padecimiento no es una enfermedad que nada más sufren los hombres y, de ellos, exclusivamente los homosexuales. Parte de nuestra ignorancia tiene que ver con el desconocimiento de los hábitos de nuestra pareja, a quien supuestamente le tenemos tanta confianza (por lo que a mí se refiere, últimamente ya no tanta...). ¿Quién nos garantiza que nuestra pareja no se involucra sexualmente con otras personas, hombres o mujeres, y que practican el sexo seguro? No, las mujeres no debemos permanecer ciegas ante estas posibilidades. Nuestra inocencia nos puede costar la vida. Aunque corramos el riesgo de que nos traten de "una cualquiera" o incluso de ser maltratadas físicamente, hay que hablarles directamente y sugerirles que usen condón. No hay peor maltrato físico que ser contagiada de VIH. No me quiero imaginar los peligros que corren las mujeres en el campo o las que tienen a su marido trabajando del otro lado. Pobrecitas, porque ellas sí que han de ignorar todo a lo que se arriesgan. ¿Por qué no habrá más programas de información para las amas de casa? Sí, a ellas, a todas las mujeres, habría que decirles que según las estimaciones del Centro Nacional para la Prevención y Control del SIDA, 8 de cada 10 mujeres que padecen este mal en México son como yo, amas de casa y que tienen una pareja estable, no necesariamente digna de confianza. Habría que decirles que el 11 por ciento de los casos de SIDA en el Distrito Federal corresponde a mujeres. Y habría que decirles que a nivel mundial, 33 millones de personas viven con VIH y que la mitad son mujeres. Es lo que se llama la feminización de la pandemia y que tiene que ver con tres fenómenos: el regreso de los migrantes a sus casas, que los hombres tengan varias parejas y la bisexualidad.

Pero volvamos a mis dudas, ¿qué tal si mi marido tiene una "vida secreta"? ¿Qué pasaría si le propusiera que se hiciera el examen del SIDA? ¿Tendría que hacérmelo, independientemente de si él se lo hace o no? ¿Qué tanta posibilidad existe de que tenga una conversación franca con mi pareja, de modo que me pueda decir si ha tenido lo que se llama "contacto sexual de riesgo"? ¿Qué tanta posibilidad hay de que fuéramos juntos a hacernos la prueba de VIH? ¿Por qué será que existe una relación estrecha entre los países considerados "machistas" y el aumento de la epidemia entre las mujeres? ¿Por qué será que en México no son muchas las mujeres que se atreven a enfrentar directamente a su pareja o a su compañero sexual con las interrogantes que se refieren a una vida sexual oculta, a pesar de que con el silencio comprometen su vida? Bueno, ¿y qué pasa con las mujeres que tienen doble vida? Aquí entre nos, mi prima tiene un amante, ¿esto significaría que su riesgo es doble? ¿Debería decirles a ambos que usen condón? ¿Qué tan seguros son los condones para mujeres?

Mi marido sigue enojado conmigo. No me habla. Actúa como si estuviera ofendido. Finalmente no hicimos el amor. Temo que a partir de ahora, me cele aún más. ¿Qué puedo hacer? ¿Escribirle una carta? ¿Pasarle todos los artículos que he leído a propósito del SIDA? ¿Contratar un detective? ¿O hacer huelga de piernas cruzadas? Por lo pronto, quisiera ayudar a otras mujeres como yo que tal vez estén menos informadas. Finalmente, no estoy tan pesimista, se puede hacer mucho, como lo que han hecho las ONG como Fortaleciendo la Diversidad y Grupo de Amigos con VIH que administra Casa Hogar. Estos dos grupos recibirán, entre 25 destacadas organizaciones comunitarias, seleccionadas por medio de un proceso encabezado por las comunidades, el "Premio Cinta Roja" que se entrega cada dos años y que se ha constituido en una actividad destacada de la Conferencia Internacional sobre el SIDA. También pienso, con esperanza, en Dorothy Onyango, directora ejecutiva de Mujeres Luchando contra el SIDA en Kenya. A ella le diagnosticaron el VIH en la década de los noventa, cuando tenía 30 años. "No sabía que llegaría a ser abuela, que vería a mis nietos, ni siquiera pensaba que vería a mis hijos terminar la secundaria. Me limitaba a pensar que Dios me diera otros cinco años para verlos casados. Ahora tengo nietos y estoy segura de que hoy, no me voy a morir", dijo Dorothy, quien forma parte de las 300 personas con VIH que están aquí en México para asistir a la conferencia.

Después de todo lo anterior, ¿qué importa la actitud de mi marido, cuya conciencia no ha de estar tan limpia? ¿Qué importa si se enoja o no? Lo que importa es mi vida y la de millones y millones de mujeres que corren el riesgo de ser contagiadas...